No soy médico. Soy alguien que decidió cambiar sus hábitos con información respaldada por evidencia y fue a buscarla a redes sociales y blogs. Lo que sigue nació de esa experiencia, no de una teoría.
En otro texto describí el Assembly Cost: el peaje que paga el lector para reunir piezas dispersas que ya están publicadas y ya están bien. Este problema es distinto y viene después. Supongamos resuelto aquel: existe el lugar, cada tema está completo, nada se pierde. Yo llego, encuentro las veinte piezas ordenadas, las leo todas, y sigo sin poder actuar.
La diferencia entre los dos costos se puede decir en una línea. El Assembly Cost es cuánto trabajo me cuesta juntar el mensaje. La Penalización del Rigor es cuánto me cuesta decidir qué parte de ese mensaje merece un lugar en mi vida. El primero se resuelve construyendo un lugar. El segundo no.
La versión fácil de este argumento sería decir que el rigor pierde porque la desinformación se difunde más rápido. No sostengo eso, y la evidencia tampoco. Budak, Nyhan, Rothschild, Scheufele y Tucker revisaron en Nature lo que se sabe sobre los daños de la desinformación en línea y encontraron que la exposición a contenido falso e inflamatorio es baja y se concentra en una franja minoritaria que ya lo estaba buscando; señalan como error común la creencia de que la exposición promedio es alta. Tampoco sostengo que los buenos médicos no den consejos prácticos. Los dan, y muchos son excelentes. El problema está en otro lado.
El problema no es la pieza, es la suma
Hay un médico que hace videos sobre propiedades de alimentos. Son ciertos. Cada video, por separado, es riguroso y hasta accionable: este alimento tiene tales propiedades, incorpóralo. Veinte videos después me quedo con veinte alimentos que suenan todos importantes y con una pregunta que ninguno responde. Yo tengo tres comidas al día, no veinte huecos. ¿Cuál desplaza a cuál? ¿Cuál mueve la aguja de verdad y cuál es un error de redondeo? ¿Y si solo puedo incorporar tres, me estoy perjudicando por dejar diecisiete fuera?
Otro médico hace un video sobre los diez mil pasos. Lo desmonta, y hace bien, porque el número nunca tuvo la base que se le atribuye. Pero salgo con una regla menos y ninguna en su lugar. Peor: no sé si el matiz aplica a alguien como yo. ¿Pido cita para aclararlo? ¿Con qué pregunta? ¿Vale la pena ocupar una consulta con esto?
Son tres fallas distintas y ninguna es el matiz. Falta el presupuesto: el consejo se acumula, la vida no, y nadie ordena por impacto ni dice qué sacrificar. Falta la prueba de aplicabilidad: nunca se dice para quién es esto y para quién no. Falta el umbral: si esto merece una consulta y con qué pregunta llegar. Sin eso, la duda no se resuelve, se archiva.
La que más me interesa es el presupuesto, y hay evidencia que apunta en esa dirección aunque no venga de donde yo estoy mirando. Wilson, Albarracín y colegas hicieron un meta-análisis de ciento cincuenta reportes de intervenciones sobre múltiples conductas en tabaquismo, dieta y actividad física, y encontraron una relación curvilínea entre el número de recomendaciones y la mejora conductual y clínica: un número moderado produce el mayor nivel de cambio. Pasado ese punto, añadir recomendaciones correctas dentro de una intervención deja de mejorar el resultado y puede empeorarlo.
Conviene ser claro sobre qué estudia ese trabajo y qué no. Estudia intervenciones diseñadas de cambio conductual, no médicos publicando videos, ni feeds, ni exposición pasiva, ni a un lector ensamblando información por su cuenta. La extrapolación al contenido público es mía, no de los autores.
Dicho eso, hay un detalle del estudio que la hace difícil de ignorar. La curva era más pronunciada cuando las muestras probablemente tenían baja motivación para cambiar: cuando las intervenciones se dirigían a poblaciones que no eran pacientes, cuando se implementaban fuera de entornos clínicos, cuando las conducían facilitadores comunitarios en vez de expertos y cuando la entrega era grupal en vez de individual. No es lo mismo que un feed, pero apunta en una dirección incómoda: el castigo por acumular es mayor precisamente en los contextos que más se parecen a la comunicación pública y menos a la consulta. Lo planteo como hipótesis. Si resulta cierta, el canal donde más recomendaciones se acumulan es justo aquel donde más importa podarlas.
Albarracín, Wilson y colegas volvieron sobre ese mismo cuerpo de estudios en Health Psychology Review y encontraron además que las intervenciones lograban más cambio cuando predominaban las recomendaciones de un solo tipo, y que en dieta y actividad física las que pedían dejar de hacer algo superaban a las que pedían empezar a hacerlo. Los propios autores describen ese hallazgo como inesperado. Es una pista sobre qué forma podría tener el consejo público.
Una salvedad que conviene hacer explícita: buena parte de la evidencia disponible sobre el número de recomendaciones proviene de un mismo programa de investigación, el de Albarracín y sus colaboradores, que también firma el review de determinantes conductuales que cito más adelante. Son publicaciones de primer nivel y no tengo motivo para dudar de ellas, pero un hallazgo replicado por varios grupos independientes pesaría más que uno replicado por el mismo.
Esto reordena la comparación con el vendehúmos, y lo digo con cuidado porque no es la misma asimetría que describí en el otro texto. Allí el vendedor gana porque financia la conexión entre sus piezas. Acá gana por algo anterior: su sistema está podado. Entrega pocas reglas que encajan entre sí, y un sistema pequeño y equivocado se puede ejecutar mientras que veinte piezas correctas no. No es que el médico tenga peor contenido. Es que publica todo lo que es verdad, y todo lo que es verdad no cabe.
Por qué el mensaje llega como llega
Sería cómodo atribuirlo a un hábito mental del clínico, entrenado para calificar cada afirmación y recordar que la respuesta individual varía. En la consulta eso es seguridad del paciente y no se negocia. Pero reducirlo a un tic de formación sería injusto y falso, porque el matiz no siempre es una elección: hay compliance, colegios profesionales, empleadores, responsabilidad civil. Buena parte de lo que vemos no es un reflejo adquirido sino una restricción institucional que el médico no puede levantar por decisión propia. El vendehúmos no es mejor comunicador. Es alguien que juega sin las restricciones que al otro lo obligan.
Vale la pena precisar qué tipo de matiz cuesta caro, porque no todos cuestan igual. Van der Bles, Van der Linden, Freeman y Spiegelhalter probaron en PNAS qué le pasa a la confianza del público cuando se comunica incertidumbre sobre hechos y números, y encontraron que expresarla de forma numérica tiene un efecto pequeño, mientras que las formulaciones verbales que solo anuncian que existe incertidumbre son las que más reducen la confianza. "Los resultados individuales varían" comunica que hay incertidumbre, pero no cuánta ni qué significa para quien está leyendo. Un rango explícito puede hacer visible esa misma incertidumbre sin pagar el mismo costo de confianza. La distinción separa el rigor que protege al lector del rigor que solo se protege a sí mismo.
La salida no es más consejos
Aquí mi propia experiencia me dio la pista. En alimentación yo no funciono con una lista de veinte alimentos. Funciono con tres reglas: sin harinas refinadas, sin azúcares añadidos, sin aceites parcialmente hidrogenados. Parecen restricciones y en realidad son un procedimiento: frente a un producto que nunca he visto, con una etiqueta que no termino de entender, tengo tres preguntas que hacerle y una decisión al final. No necesito saber si ese producto en particular es bueno. Necesito saber si pasa. En movimiento tengo una sola regla: moverme, como sea, de la manera que sea. No son verdades completas ni pretenden serlo. Son criterio.
La diferencia estructural entre un consejo y un principio es que el consejo se acumula y el principio sustituye. El consejo pide un hueco nuevo en una agenda llena. El principio no pide hueco: cambia el criterio con el que lleno los que ya tengo, y resuelve casos que nadie me explicó nunca. Y hay un segundo efecto que me parece más importante todavía: el consejo me deja dependiendo del emisor, porque para el caso veintiuno tengo que volver a preguntarle. La promesa del principio no es resolver ese caso veintiuno. Es darme un criterio con el que intentar resolverlo, y de paso evaluar a quien me lo está contando. Eso es lo contrario del modelo de negocio del vendehúmos, que necesita que yo vuelva.
Esto no es un capricho de comunicador. La literatura sobre heurísticas rápidas y frugales lleva décadas cuestionando la idea de que una regla simple sea por fuerza una solución de segunda. Bodemer, Hanoch y Katsikopoulos sostienen que en la decisión médica, que ocurre bajo incertidumbre y con tiempo y recursos limitados, las heurísticas pueden ser más precisas, más rápidas y más fáciles de aplicar que estrategias más complejas, y proponen tratarlas como complemento legítimo de las reglas de decisión existentes. El caso clásico de esa tradición es clínico: para clasificar el riesgo de pacientes que llegan con síntomas de infarto, un árbol de tres preguntas superó a un análisis estadístico de diecinueve variables. La afirmación no es que lo simple gane siempre, sino que la simplicidad puede ser óptima según el entorno. Simplificar bien no es rebajar el rigor. A veces es la forma más rigurosa disponible.
Ahora, dos advertencias que el argumento se debe a sí mismo.
Un principio no es una verdad flotante, es una regla útil dentro de un entorno. Mi propia regla sobre los aceites parcialmente hidrogenados lo demuestra. La OMS los identifica como una fuente principal de grasas trans industriales y recomienda dos políticas de mejor práctica: un límite obligatorio de dos gramos por cada cien de grasa total, o la prohibición de producir y usar esos aceites. Dinamarca fue el primer país en legislar, en 2003, y países como Canadá, Tailandia y Estados Unidos los han prohibido. Pero en el reporte de 2023 la OMS estimaba que unos cinco mil millones de personas seguían viviendo en países sin políticas de eliminación. En Canadá mi regla ya la aplica la regulación por mí; en buena parte del mundo todavía no, y esa proporción cambia año a año. El principio no caduca por falso, caduca localmente cuando el entorno cambia. Cualquier marco que se ofrezca al público debería decir dónde deja de aplicar. Ahí está la frontera entre un principio y un eslogan: el principio declara su alcance, el eslogan pretende cubrirlo todo.
Y los principios no compran adherencia. Albarracín, Fayaz-Farkhad y Granados Samayoa revisaron en Nature Reviews Psychology los determinantes de la conducta y encontraron que las intervenciones dirigidas al conocimiento están entre las de menor impacto, mientras que las dirigidas a habilidades conductuales y hábitos tienden a tener el mayor. Formar criterio no es exactamente una intervención de conocimiento —involucra también habilidades de valoración y decisión—, así que esa evidencia no me dice qué efecto tendría enseñar principios. Lo que sí hace es impedirme prometer de más. Un marco que me ayuda a decidir no consigue por sí solo que actúe, y cualquiera que sugiera lo contrario está vendiendo algo.
Lo que sí sostengo es distinto: los principios no compran adherencia, compran autonomía. Permiten decidir sin volver a preguntar, y saber de quién fiarse. En un terreno donde hay tanto profesional desactualizado como charlatán, esa capacidad de juicio vale más que una instrucción más. Y conecta con lo que dejé fuera del otro texto a propósito: decidir a quién creerle es un costo aparte, enorme, que ahí no reclamé. Un lector con criterio propio lo paga solo.
Lo que queda
No traigo una solución cerrada, y fingir lo contrario sería cometer el mismo error que estoy señalando. La evidencia sobre intervenciones que buscan formar criterio todavía es floja. Un ensayo pragmático noruego evaluó con 96 padres un portal web diseñado para mejorar el acceso público a información basada en evidencia y las habilidades de valoración crítica, y encontró aumentos leves en el uso de información basada en evidencia, en valoración crítica y en participación, ninguno estadísticamente significativo; los propios autores reconocen que el estudio quedó sin poder suficiente. Kalteis, Steckelberg, Zacher y Hinneburg mapearon en Health Promotion International 53 intervenciones de alfabetización crítica en salud descritas en 81 publicaciones, y encontraron que se concentran en entornos educativos, sobre todo con estudiantes de colegio y universidad, y que la mayoría aborda habilidades de valoración y decisión individual mientras otras dimensiones quedan poco atendidas. Ese detalle importa para lo que estoy planteando: casi todo lo que se ha probado ocurre en un aula, con alguien que va a aprender. Del adulto que busca por su cuenta porque algo le preocupa apenas sabemos nada. El terreno está poblado y los resultados no son contundentes. Ese hueco es a la vez la oportunidad y la advertencia.
Lo que sí sé es que el problema existe, que no tenía nombre y que nombrarlo cambia lo que se puede hacer con él. Mientras la fricción sea invisible, cada profesional que la sufre asume que el problema es suyo: que no sabe escribir, que no domina el formato, que las redes no son para él. No lo es. Es una condición del terreno, y es la forma incómoda de una pregunta que la comunicación en salud todavía no ha resuelto: qué se hace cuando el rigor exige decir veinte cosas verdaderas y la persona que escucha solo tiene capacidad para tres.
Fuentes
Budak C, Nyhan B, Rothschild DM, Scheufele DA, Tucker JA. Misunderstanding the harms of online misinformation. Nature. 2024;630:45–53. https://www.nature.com/articles/s41586-024-07417-w
Wilson K, Senay I, Durantini M, Sánchez F, Hennessy M, Spring B, Albarracín D. When it comes to lifestyle recommendations, more is sometimes less: a meta-analysis of theoretical assumptions underlying the effectiveness of interventions promoting multiple behavior domain change. Psychol Bull. 2015;141(2):474–509. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25528345/
Albarracín D, Wilson K, Chan MPS, Durantini M, Sanchez F. Action and inaction in multi-behaviour recommendations: a meta-analysis of lifestyle interventions. Health Psychol Rev. 2018;12(1):1–24. https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/17437199.2017.1369140
Van der Bles AM, Van der Linden S, Freeman ALJ, Spiegelhalter DJ. The effects of communicating uncertainty on public trust in facts and numbers. PNAS. 2020;117(14):7672–7683. https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.1913678117
Bodemer N, Hanoch Y, Katsikopoulos KV. Heuristics: foundations for a novel approach to medical decision making. Intern Emerg Med. 2015;10(2):195–203. https://link.springer.com/article/10.1007/s11739-014-1143-y
Albarracín D, Fayaz-Farkhad B, Granados Samayoa JA. Determinants of behaviour and their efficacy as targets of behavioural change interventions. Nat Rev Psychol. 2024;3(6):377–392. https://www.nature.com/articles/s44159-024-00305-0
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Kalteis M, Steckelberg A, Zacher S, Hinneburg J. Interventions to promote critical health literacy: a scoping review. Health Promot Int. 2026;41(4):daag103. https://doi.org/10.1093/heapro/daag103